EL ESPACIO QUE HABITAMOS - SARA MEJÍA (OCTUBRE)
El espacio que habitamos
- Indagación sobre el protagonismo del cuerpo humano en la construcción del espacio arquitectónico.
Crítica de la Arquitectura
Segundo semestre de 2026
Sara Mejía Wilches
Estudiante de Arquitectura
Escuela de Arquitectura y Urbanismo
Universidad Nacional de Colombia — Sede Bogotá
Durante las clases de Crítica de la Arquitectura he empezado a cuestionarme algo que antes daba casi por sentado: ¿qué es realmente el espacio arquitectónico? Normalmente pensamos en el espacio como algo que está ahí y que la arquitectura simplemente organiza, delimita o transforma. Sin embargo, las discusiones de clase y las lecturas de autores como August Schmarsow, Martin Heidegger y Jan Patočka me han hecho pensar que el espacio no puede entenderse solamente como algo físico o abstracto. El cuerpo tiene un papel fundamental en la manera en que lo percibimos, lo experimentamos y finalmente lo habitamos.
Desde la primera clase me llamó la atención la idea de que, si el espacio ya existe, nuestra tarea como arquitectos es ponerle límites. Pero esos límites no son únicamente muros, pisos o cubiertas. También pueden ser recorridos, cambios de escala, relaciones con la luz, visuales o incluso las sensaciones que produce un lugar. De alguna manera, la arquitectura construye un espacio que ya existía, pero al mismo tiempo crea una nueva forma de experimentarlo. Por eso me interesa pensar que el espacio arquitectónico no termina de existir solamente cuando se construye el edificio, sino cuando aparece una relación entre el edificio y quien lo habita.
Esta idea se relaciona con lo planteado por Schmarsow cuando coloca al cuerpo y a la experiencia espacial en el centro de la creación arquitectónica. La arquitectura deja de ser solamente una composición de objetos y empieza a entenderse desde la experiencia de quien la recorre. El cuerpo se convierte entonces en una especie de medida desde la cual podemos comprender el espacio. Esto también se relaciona con algo que discutimos en clase: la percepción es el encuentro entre el cuerpo y el mundo, mientras que la experiencia incorpora la memoria. Es decir, no percibimos un espacio de una manera completamente neutral. Lo que vemos, sentimos y recordamos también modifica nuestra relación con él.
Patočka me hace pensar en algo parecido cuando plantea la espacialidad del cuerpo como una espacialidad personal. Nuestro cuerpo no ocupa simplemente una coordenada dentro de un espacio universal. Nosotros vivimos el espacio desde una posición, una dirección, una altura, una cercanía o una distancia. No es lo mismo mirar una habitación desde la entrada que estar sentado dentro de ella; tampoco es lo mismo observar un paisaje desde lejos que caminar dentro de él. El espacio cambia a medida que cambia nuestra relación corporal con él.
Esto me hace pensar también en la idea de habitar de Heidegger. Habitar no significa simplemente ocupar una construcción. Construir y habitar están relacionados porque la arquitectura no solamente produce objetos, sino lugares en los que podemos establecer una relación con el mundo. Por eso considero que una arquitectura realmente relacionada con el cuerpo debería permitir que el lugar sea experimentado y no solamente observado.
A partir de esto, también me cuestioné una de las ideas que vimos en clase relacionada con Le Corbusier: la posibilidad de diseñar primero el proyecto y escoger después el sitio. Personalmente, no estoy de acuerdo con esta manera de entender la arquitectura. Me cuesta pensar que un edificio pueda diseñarse completamente separado del lugar donde va a existir. El sitio no debería ser simplemente el terreno vacío sobre el que después colocamos una idea que ya estaba definida. Para mí, el sitio determina parte de la arquitectura porque tiene una topografía, una orientación, unas condiciones climáticas, unas relaciones con otros espacios y, sobre todo, una manera particular de ser habitado. El edificio no podría estar en cualquier parte sin perder algo de lo que lo hace ser ese edificio.
Un proyecto que me permite entender esta idea es la Casa Koshino de Tadao Ando, construida en Ashiya, Japón. La casa está compuesta principalmente por dos volúmenes de concreto que se encuentran parcialmente enterrados en un terreno inclinado. Ando ubicó los volúmenes teniendo en cuenta los árboles existentes y la pendiente del lugar, en lugar de tratar el terreno como una superficie completamente independiente del proyecto. Entre los volúmenes aparece un patio que sigue la topografía y al que se llega mediante una escalera que acompaña el desnivel.
Lo que más me interesa de esta casa no es solamente que se adapte al terreno, sino que hace que el cuerpo sea consciente de ese terreno. El recorrido no es completamente indiferente a la topografía. El cuerpo tiene que subir, bajar, atravesar, cambiar de dirección y encontrarse con diferentes condiciones de luz. El patio hundido no se entiende solamente desde una planta o desde una fotografía; se entiende al estar allí y experimentar cómo el espacio se va revelando mientras se recorre.
Además, la luz también participa en esta experiencia. Las aberturas y ranuras de los muros producen diferentes relaciones entre luz y sombra a lo largo del día, haciendo que la percepción del espacio cambie con el tiempo. Esto me hace pensar nuevamente en la diferencia entre percibir y experimentar. Una fotografía puede mostrarme la Casa Koshino, pero no puede reproducir completamente lo que significa recorrerla. El espacio que yo veo en una imagen no necesariamente es el mismo espacio que experimentaría con mi cuerpo.
Por eso, después de estas clases, empiezo a entender la arquitectura menos como la creación de objetos y más como la construcción de relaciones. Relaciones entre el cuerpo y el espacio, entre el edificio y el lugar, entre la percepción y la memoria. El arquitecto no solamente decide dónde poner un muro o una ventana, sino que también está decidiendo cómo se va a mover una persona, qué va a encontrar al entrar, qué va a dejar atrás, qué va a mirar y qué va a sentir.
Creo que ahí aparece una de las responsabilidades más importantes de la arquitectura. Si el espacio se construye también desde la experiencia del cuerpo, entonces no basta con que un edificio esté bien construido o tenga una forma interesante. Tiene que ser capaz de establecer una relación con quien lo habita y con el lugar donde existe. La Casa Koshino me hace pensar que quizás el proyecto no debería comenzar preguntándose solamente qué forma quiero construir, sino qué lugar estoy intentando construir y cómo quiero que ese lugar sea experimentado por el cuerpo. Para mí, esa pregunta cambia completamente la manera de entender la arquitectura.









Sara, me parece muy valiosa tu reflexión frente a como el espacio cobra sentido al ser habitado y experimentado por el cuerpo. Coincido en que los límites del espacio no deben ser vistos solamente a partir de un plano, un muro o un acceso. La configuración de este se revela realmente en el recorrido, la escala, la luz y la topografía.
ResponderEliminarEn ese sentido, ¿crees que la experiencia del cuerpo depende siempre de una continuidad directa con el lugar natural, o la arquitectura también puede construir una espacialidad con autonomía propia que reinterprete el sitio en lugar de solo responder a él?