Entre la trama y el cuerpo - Juan Camilo Salamanca Mosquera
Entre la trama y el cuerpo - Juan Camilo Salamanca Mosquera
Una reflexión sobre el espacio y la percepción a partir del GC Prostho Museum Research Center de Kengo Kuma.
Una de las cosas que más me ha llamado la atención de las discusiones en clase es la posibilidad de entender el espacio desde nuestro propio cuerpo y no solamente desde sus dimensiones o características físicas. Basado en las diferentes ponencias, empecé a cuestionarme hasta qué punto nuestra manera de reconocer el espacio depende de la experiencia corporal que tenemos de él. Me parece que muchas veces, al momento de proyectar, damos demasiada importancia a la forma que tendrá un edificio o a cómo se verá en una representación, pero dejamos en segundo plano lo que puede experimentar una persona al encontrarse dentro de él. A partir de esta inquietud me interesó el GC Prostho Museum Research Center, diseñado por Kengo Kuma en Japón, un proyecto en el que encuentro varias relaciones con los temas que hemos discutido en clase.Lo primero que me llamó la atención fue su estructura de madera. El edificio está compuesto por una retícula tridimensional que envuelve buena parte de su volumen y que también cumple una función estructural y de soporte para los elementos expuestos en el museo. El sistema está inspirado en el *cidori*, un juguete tradicional japonés de la región de Hida Takayama, construido mediante pequeñas piezas de madera que se conectan entre sí sin necesidad de clavos ni pegamentos. Kuma toma este principio de ensamblaje y lo lleva a una escala arquitectónica, utilizando piezas de madera de seis centímetros de sección. Lo interesante es que no se limita a reproducir la apariencia del juguete, sino que aprovecha su manera de relacionar unas piezas con otras para construir el edificio.
Fotografía: Daici Ano / ArchDaily, 2012.
Al observar el proyecto, me cuesta separar la estructura de la experiencia que produce. La retícula no funciona simplemente como una fachada decorativa, sino que establece una relación particular entre el interior y el exterior. Desde afuera se puede reconocer cierta transparencia entre las piezas, pero al mismo tiempo la repetición de la madera genera una superficie con profundidad. No se trata de un cerramiento completamente abierto ni de una fachada convencional que oculta todo lo que sucede detrás. Hay una transición visual que me parece interesante porque permite reconocer partes del edificio sin descubrirlo completamente.
Esta característica me hizo pensar en las ideas planteadas por Schmarsow. planteando que el espacio arquitectónico tiene un origen en nuestra propia experiencia corporal y en la manera como reconocemos direcciones, distancias y relaciones a nuestro alrededor. Pensando en el proyecto de Kuma, me pregunto si la retícula podría entenderse precisamente desde esa relación. Cada pieza tiene una posición dentro de un conjunto, pero la percepción de ese conjunto depende también de dónde nos encontramos. Si lo observamos desde cierta distancia, reconocemos una composición repetitiva; al acercarnos, comenzamos a notar los encuentros entre las piezas, los vacíos y la profundidad que se forma entre ellas. Es decir, la misma estructura puede ofrecernos diferentes lecturas dependiendo de nuestra posición.
Esto se vuelve todavía más interesante cuando observamos el espacio interior. La madera continúa formando parte de la experiencia del edificio y no desaparece una vez atravesamos la fachada. La estructura permite que la luz pase entre sus elementos y genere diferentes sombras, mientras que los vacíos de la retícula mantienen una relación visual con el exterior. Personalmente, creo que es aquí donde el proyecto deja de ser solamente interesante por su construcción y empieza a adquirir un verdadero interés espacial. La persona que se encuentra allí no está frente a una superficie que simplemente observa; está rodeada por una estructura que cambia de apariencia según la dirección de su mirada y su posición.
Esta manera de entender la percepción recuerda a Maurice Ponty y a algunas de las cuestiones que plantea en ” El ojo y el espíritu”. De su lectura me quedó la idea de que mirar no es una actividad completamente separada del cuerpo. No observamos el mundo como si estuviéramos por fuera de él, sino que nuestra propia presencia participa en aquello que percibimos. Al relacionarlo con el GC Prostho, pienso en cómo una fotografía puede mostrar la complejidad de la estructura, pero no necesariamente permite comprender la profundidad que se experimenta al estar dentro. Hay cosas que solo podemos reconocer cuando cambiamos de posición, cuando levantamos la mirada o cuando nos acercamos a los elementos que componen el espacio. Esto me hace pensar que la representación arquitectónica, aunque necesaria para explicar un proyecto, no alcanza a transmitir por completo la experiencia de recorrerlo.
También encuentro una relación con Jan Patočka, repeso a su reflexión sobre la espacialidad personal. En su texto se plantea una diferencia entre estar ubicado en el espacio como un elemento más y experimentar ese espacio desde nuestra propia corporalidad. Me parece que esta diferencia puede reconocerse en el proyecto de Kuma. Podemos conocer las dimensiones de la retícula, su organización y la posición de cada elemento mediante planos o fotografías, pero eso no significa que hayamos comprendido cómo se experimenta. No es lo mismo observar la estructura desde el exterior que encontrarse debajo de ella, ni es igual mirar sus piezas de frente que reconocer cómo se cruzan y generan profundidad. Aunque el edificio conserve sus dimensiones, nuestra percepción cambia con cada desplazamiento.
Algo que también me interesa es que la estructura no tiene una única función. Además de sostener el edificio, sirve para disponer los elementos de exposición del museo. Esto hace que la relación entre el espacio y los objetos exhibidos sea diferente a la de una galería convencional, donde generalmente los elementos de exposición se incorporan a una arquitectura que ya está definida. En este caso, la propia estructura participa en la manera de organizar aquello que se muestra. Me parece una decisión interesante porque permite que el edificio y su contenido mantengan una relación bastante directa, sin que necesariamente sean dos elementos independientes.
Fotografía: Daici Ano / ArchDaily, 2012.
Por otra parte, el centro fue concebido para recibir tanto a los trabajadores de la empresa GC como a visitantes y miembros de la comunidad local. Aunque no se trata de un espacio público en el sentido de una plaza o un parque, sí existe una intención de acercar el edificio a personas que no participan directamente en sus actividades de investigación. Esto me hace pensar nuevamente en Patočka, respecto a su idea de que un espacio no se experimenta únicamente desde nuestra posición individual; también cambia dependiendo de quiénes lo utilizan, de las actividades que ocurren y de las relaciones que pueden establecerse en su interior.
Después de relacionar el proyecto con las lecturas y las
ponencias, me queda la inquietud sobre cuánto influye nuestra manera de
representar la arquitectura en la forma como terminamos diseñándola. Muchas
veces trabajamos desde plantas, cortes, fachadas y modelos tridimensionales,
pero resulta más difícil anticipar cómo se va a sentir realmente un espacio
cuando alguien lo recorra. El GC Prostho me hizo pensar que una decisión como
la disposición de una estructura puede tener consecuencias que van más allá de
resolver un problema constructivo o definir la apariencia de un edificio.




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