Habitar Latinoamérica: la Cuaternidad de Heidegger entre el realismo mágico y la arquitectura de Rogelio Salmona
Habitar Latinoamérica
la Cuaternidad de Heidegger entre el realismo mágico y la arquitectura de Rogelio Salmona
Crítica de la arquitectura
En Cien años de soledad, Gabriel García Márquez construye, a través de la fundación de Macondo y la historia de la familia Buendía, un universo en el que podemos reconocer las cuatro dimensiones de la Cuaternidad. La tierra está presente desde el origen del pueblo, en la relación de sus habitantes con el territorio y la naturaleza. El cielo, por su parte, acompaña la vida cotidiana mediante los fenómenos naturales, el clima y el paso del tiempo. Los mortales aparecen en la formación de la comunidad, en sus relaciones y en el encuentro con quienes llegan de otros lugares, como los gitanos, que traen consigo nuevas experiencias y conocimientos. Finalmente, los divinos pueden entenderse como una dimensión de lo inexplicable, que no tiene que estar ligada necesariamente a una religión o a un Dios determinado. La ascensión de Remedios, la Bella, es un ejemplo de cómo lo extraordinario irrumpe en la cotidianidad de Macondo y convive con ella sin necesitar una explicación racional. Aunque esta lectura no pretende ser una interpretación literal de la novela ni del pensamiento de Heidegger, su encuentro permite vislumbrar una sensibilidad particular frente al mundo y, con ella, algunas formas de comprender el habitar en América Latina, en el tono poético que ambas obras proponen. La casa de los Buendía reúne estas dimensiones: en ella conviven la naturaleza, la vida familiar, la memoria y los acontecimientos extraordinarios.
Por otra parte, en la Casa de Huéspedes Ilustres, la dimensión de los divinos puede interpretarse a través de la experiencia del recorrido arquitectónico. La alternancia entre patios abiertos, luminosos y llenos de vegetación, y galerías y corredores más oscuros y recogidos, construye una experiencia espacial marcada por la expectativa y la sorpresa. Durante el recorrido, el espacio no se revela completamente desde el principio, sino que permanece abierto a lo que puede aparecer después de cada giro o cambio de dirección. La penumbra, la luz y la vegetación participan de una experiencia en la que el visitante no puede anticipar completamente lo que encontrará. En este sentido, lo divino puede interpretarse como la posibilidad de encontrarse con aquello que no se espera, con una dimensión misteriosa que surge de la experiencia del espacio y que no puede reducirse a una función arquitectónica.
el patio es el "puente" latinoamericano para volver a aprender a habitar
La relación entre la Cuaternidad de Heidegger, el universo de Macondo y la arquitectura residencial de Rogelio Salmona permite proponer una interpretación del patio como un espacio capaz de reunir las dimensiones fundamentales del habitar. Si el puente constituye para Heidegger un lugar que reúne la tierra, el cielo, los mortales y los divinos, el patio puede interpretarse, desde esta lectura, como un espacio que permite experimentar una relación semejante en la arquitectura latinoamericana. La literatura y la arquitectura aparecen entonces como expresiones artísticas capaces de construir las condiciones para habitar el mundo, no solamente mediante la creación de espacios físicos, sino también mediante la apertura de experiencias que permiten reconocer nuestra pertenencia a la naturaleza, encontrarnos con los demás y permanecer disponibles ante lo inesperado. En un contexto contemporáneo en el que la vivienda corre el riesgo de reducirse a su dimensión funcional, recuperar esta concepción del habitar significa volver a reconocer la importancia de cultivar la tierra, recibir el cielo, permitir el encuentro entre los mortales y mantener abierta la posibilidad de lo extraordinario. En definitiva, se trata de volver a aprender a habitar Latinoamérica.





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