Habitar Latinoamérica: la Cuaternidad de Heidegger entre el realismo mágico y la arquitectura de Rogelio Salmona

 

Habitar Latinoamérica

la Cuaternidad de Heidegger entre el realismo mágico y la arquitectura de Rogelio Salmona

Crítica de la arquitectura

2026-2

José Luis Medina Navarrete

Estudiante de Arquitectura
Universidad Nacional de Colombia
Facultad de Artes
Escuela de Arquitectura y Urbanismo


En Construir, habitar, pensar, Martin Heidegger explica la Cuaternidad —la tierra, el cielo, los mortales y los divinos— a través del ejemplo del puente. La tierra representa aquello que nos sostiene y acoge la vida; el cielo, los ciclos naturales y las condiciones que acompañan nuestra existencia; los mortales somos los seres humanos, conscientes de nuestra finitud, y los divinos hacen referencia a la dimensión sagrada y misteriosa de la existencia. Estas cuatro dimensiones no actúan de manera aislada, sino que se reúnen y relacionan en el mundo que habitamos. El puente permite comprender esta relación: se establece sobre la tierra, permanece abierto al cielo, permite el tránsito de los mortales y reúne una dimensión de lo divino. De esta manera, no solo ocupa un espacio, sino que funda un lugar y hace posible una forma de habitar.

En Cien años de soledad, Gabriel García Márquez construye, a través de la fundación de Macondo y la historia de la familia Buendía, un universo en el que podemos reconocer las cuatro dimensiones de la Cuaternidad. La tierra está presente desde el origen del pueblo, en la relación de sus habitantes con el territorio y la naturaleza. El cielo, por su parte, acompaña la vida cotidiana mediante los fenómenos naturales, el clima y el paso del tiempo. Los mortales aparecen en la formación de la comunidad, en sus relaciones y en el encuentro con quienes llegan de otros lugares, como los gitanos, que traen consigo nuevas experiencias y conocimientos. Finalmente, los divinos pueden entenderse como una dimensión de lo inexplicable, que no tiene que estar ligada necesariamente a una religión o a un Dios determinado. La ascensión de Remedios, la Bella, es un ejemplo de cómo lo extraordinario irrumpe en la cotidianidad de Macondo y convive con ella sin necesitar una explicación racional. Aunque esta lectura no pretende ser una interpretación literal de la novela ni del pensamiento de Heidegger, su encuentro permite vislumbrar una sensibilidad particular frente al mundo y, con ella, algunas formas de comprender el habitar en América Latina, en el tono poético que ambas obras proponen. La casa de los Buendía reúne estas dimensiones: en ella conviven la naturaleza, la vida familiar, la memoria y los acontecimientos extraordinarios.


Dentro de esta interpretación, me interesa especialmente el patio, pues adquiere importancia como espacio de transición entre la vivienda y el mundo exterior. Su condición abierta permite establecer una relación entre el espacio doméstico, la naturaleza y el cielo. En la casa de los Buendía, el patio puede entenderse como un lugar donde la vida cotidiana permanece abierta a los acontecimientos extraordinarios que caracterizan Macondo. Esta condición permite proponer una relación conceptual entre el patio y el puente de Heidegger: ambos pueden interpretarse como lugares que reúnen diferentes dimensiones del mundo. Esta relación constituye el punto de partida para trasladar la reflexión desde la literatura hacia la arquitectura, pues pareciera que el patio sirve, como un equivalente al puente para explicar el habitar de Latinoamérica. Esto se evidencia claramente en la arquitectura residencial de Rogelio Salmona.

En la Casa en Río Frío, la relación entre la tierra y el cielo se manifiesta especialmente a través de la organización espacial de la vivienda. El patio permite atravesar la casa de un extremo a otro sin necesidad de ingresar a sus espacios interiores y, al mismo tiempo, establece una conexión con la terraza mediante un recorrido ascendente. Esta organización puede relacionarse con una frase atribuida a Salmona: «Entrar a la casa es entrar a la tierra, subir a la terraza es subir al cielo». Esta afirmación permite comprender una intención arquitectónica en la que la tierra y el cielo no se presentan como dimensiones independientes, sino como elementos que se relacionan a través del espacio construido. El patio se convierte así en el lugar que permite establecer esa conexión, mientras los mortales lo atraviesan y experimentan las relaciones que la arquitectura construye entre ambas dimensiones.


Por otra parte, en la Casa de Huéspedes Ilustres, la dimensión de los divinos puede interpretarse a través de la experiencia del recorrido arquitectónico. La alternancia entre patios abiertos, luminosos y llenos de vegetación, y galerías y corredores más oscuros y recogidos, construye una experiencia espacial marcada por la expectativa y la sorpresa. Durante el recorrido, el espacio no se revela completamente desde el principio, sino que permanece abierto a lo que puede aparecer después de cada giro o cambio de dirección. La penumbra, la luz y la vegetación participan de una experiencia en la que el visitante no puede anticipar completamente lo que encontrará. En este sentido, lo divino puede interpretarse como la posibilidad de encontrarse con aquello que no se espera, con una dimensión misteriosa que surge de la experiencia del espacio y que no puede reducirse a una función arquitectónica.










el patio es el "puente" latinoamericano para volver a aprender a habitar


La relación entre la Cuaternidad de Heidegger, el universo de Macondo y la arquitectura residencial de Rogelio Salmona permite proponer una interpretación del patio como un espacio capaz de reunir las dimensiones fundamentales del habitar. Si el puente constituye para Heidegger un lugar que reúne la tierra, el cielo, los mortales y los divinos, el patio puede interpretarse, desde esta lectura, como un espacio que permite experimentar una relación semejante en la arquitectura latinoamericana. La literatura y la arquitectura aparecen entonces como expresiones artísticas capaces de construir las condiciones para habitar el mundo, no solamente mediante la creación de espacios físicos, sino también mediante la apertura de experiencias que permiten reconocer nuestra pertenencia a la naturaleza, encontrarnos con los demás y permanecer disponibles ante lo inesperado. En un contexto contemporáneo en el que la vivienda corre el riesgo de reducirse a su dimensión funcional, recuperar esta concepción del habitar significa volver a reconocer la importancia de cultivar la tierra, recibir el cielo, permitir el encuentro entre los mortales y mantener abierta la posibilidad de lo extraordinario. En definitiva, se trata de volver a aprender a habitar Latinoamérica.


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